¿Cómo se adapta el cerebro a la mentira?

Cada vez que mentimos nos volvemos menos sensibles a las emociones negativas asociadas a mentir.

En Las aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi, la nariz del personaje crece cuando dice una mentira. Si en vez de madera el muñeco fuera de carne y huesos y se prestara a un escaneo cerebral, podríamos observar cómo la señal producida por la amígdala al mentir se iría desvaneciendo, a medida que le fuera creciendo la nariz.

La amígdala, un importante centro procesador de emociones, nos hace sentir rechazo cuando engañamos. En tal situación, esta pequeña región del cerebro en forma de almendra produce una sensación negativa que limita el grado en que estamos dispuestos a mentir. Pero a medida que repetimos la mentira, este freno emocional va disminuyendo. Esta es la conclusión de un estudio publicado en la revista Nature Neuroscience, donde, investigadores del Colegio Universitario de Londres, explican por qué una mentira lleva a otra y aportan evidencia empírica sobre cómo ocurre el proceso de mentir en el cerebro.

Después de escanear el cerebro de 80 voluntarios mientras participaban en tareas en las que podían obtener beneficios personales si mentían, observaron que la amígdala se activaba cuando los individuos engañaban. Pero, al mismo tiempo, esta respuesta de la amígdala disminuía a medida que aumentaban los engaños.

Los investigadores creen que esta adaptación podría estar relacionada con la desensibilización ante comportamientos violentos y advierten sobre el riesgo de caer en las pequeñas mentiras. Por ellas se empieza. Y a medida que crece la dimensión del engaño más fácil es que este se pueda convertir en un gran fraude.

Según Neil Garrett, autor principal del estudio, «es probable que la respuesta del cerebro ante la repetición de la mentira refleje una respuesta emocional reducida a dichos actos. Esto está en línea con la idea de que nuestra amígdala registra la aversión a los hechos que consideramos malos o inmorales. En este caso, hemos estudiado la insinceridad, pero el mismo principio podría aplicarse a la progresión de otras acciones como los actos de riesgo o los comportamientos violentos».

Más información en Nature Neuroscience.

FUENTE: Investigación y Ciencia

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s