Las verduras verdes frondosas se vinculan a un menor deterioro cognitivo

Consumir una ración de verduras de hojas verdes cada día ayuda a ralentizar el deterioro cognitivo que acompaña al envejecimiento, señala un nuevo estudio publicado en Neurology.

En el estudio prospectivo de una población de una comunidad estadounidense de edad avanzada, el consumo de verduras verdes frondosas se relacionó linealmente con un deterioro cognitivo más lento.

La tasa de deterioro en los que consumían una o dos raciones por día fue equivalente a 11 años de edad menos, en comparación con los que raras veces o nunca consumían verduras verdes frondosas, afirman los investigadores.

La investigación de los nutrientes para los cuales las verduras verdes frondosas son una fuente rica o primaria, indicó que las mayores ingestas de ácido fólico, filoquinona y luteína se relacionaban individualmente en forma lineal con un deterioro cognitivo más lento, y al parecer explicaron la correlación protectora de las verduras verdes frondosas con el cambio cognitivo.

“Esto se suma a la evidencia previa que indica que las verduras verdes frondosas pueden lentificar el deterioro cognitivo, pero la hemos llevado un paso más adelante al investigar cuáles nutrientes de estas verduras pueden intervenir en la relación protectora”, comentó a Medscape Noticias Médicas la autora principal, Martha Clare Morris, doctora en ciencias, de la Rush University, en Chicago, Estados Unidos. “Y hemos identificado varios que parecen ser importantes: algunos de los cuales no se sabía que se relacionaban con la salud cerebral”.

“Nuestro principal mensaje es que las verduras verdes frondosas contienen muchos nutrientes buenos, varios de los cuales están relacionados con una mejor función cognitiva”, añadió, “así que este es un alimento que definitivamente debería ser una parte fundamental de la dieta de todas las personas, sobre todo las de edad avanzada”.

Otros expertos en el campo se mostraron entusiastas en torno a los hallazgos.

Este estudio se suma a la evidencia rápidamente evolutiva y convincente de que cuando se trata de salud cerebral, se es lo que se come”, dijo Richard Isaacson, de Weill Cornell Medicine, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. “Desde una perspectiva clínica práctica, la ingesta regular de verduras verdes frondosas debería ser una parte estándar de un paradigma de reducción del riesgo para retrasar el deterioro cognitivo durante toda la vida”.

El Dr. Yiang Gu, de la Columbia University y el Taub Institute for Research on Alzheimer Disease and the Aging Brain, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, añadió: “Este es un estudio muy interesante que se suma a la literatura existente sobre el rol beneficioso que desempeñan las verduras en la lentificación del deterioro cognitivo. En general, creo que los resultados de estudios longitudinales como este pueden ser muy alentadores en cuanto a mejorar nuestra estrategia alimentaria para evitar el deterioro cognitivo o incluso la demencia en adultos mayores”.

“Podría ser todavía prematuro, no obstante, recomendar que se incremente la ingesta de verduras verdes frondosas, sin confirmación adicional en los estudios de intervención”, advirtió el Dr. Gu. “Además, también puede ser necesario tomar en cuenta la ingesta de otros alimentos. Aumentar la ingesta de verduras al mismo tiempo que se incrementa la ingesta de “malos alimentos” podría no ser tan útil”.

El Dr. Joseph Quinn, de la Oregon Health and Science University, en Portland, Estados Unidos, calificó al estudio como un “buen trabajo de un grupo excelente de investigadores”.

“Tu mamá estaba en lo correcto”, dijo el Dr. Quinn. “Come tus vegetales, sobre todo los de hojas verdes”.

En el presente estudio participaron 960 individuos que formaron parte del Rush Memory and Aging Project, que incluye voluntarios de más de 40 comunidades de jubilados, unidades de albergue público para ancianos, e iglesias y centros para ancianos en el área de Chicago. Los participantes no tenían demencia al ser reclutados y se sometieron a evaluaciones clínicas anuales y cuestionarios sobre la frecuencia de alimentos.

La edad promedio de los participantes era 81 años, 74% eran mujeres y tenían una escolaridad media de 14,9 años. La media de seguimiento fue 4,7 años.

La ingesta de verduras verdes frondosas fluctuó desde una media de 0,09 raciones por día para los del quintil más bajo de ingesta, a una media de 1,3 raciones por día para el quintil más alto.

En promedio, la muestra tuvo una disminución de las puntuaciones cognitivas generales en el curso del tiempo a una tasa de 0,08 unidades estandarizadas por año.

En un modelo lineal mixto ajustado para edad, género, escolaridad, participación en actividades cognitivas, actividades físicas, tabaquismo y consumo de mariscos y de alcohol, el consumo de verduras verdes frondosas se relacionó con un deterioro cognitivo más lento. La tasa de deterioro para los del quintil de ingesta más alto fue más lenta en una β = 0,05 unidades estandarizadas (p = 0,0001), en comparación con los del quintil más bajo: el equivalente a tener 11 años de edad menos.

No hubo ninguna evidencia de que la relación fuese mediada por trastornos cardiovasculares, y en los análisis adicionales ajustados para síntomas depresivos, bajo peso corporal (índice de masa corporal [IMC] ≤ 20) y obesidad (IMC ≥ 30), condiciones que pueden ser causas y efectos de los procesos de demencia, la estimación del efecto se mantuvo sin cambios y estadísticamente significativa (β para el Q5 frente el Q1 = 0,04, p < 0,001).

Los investigadores también encontraron que las fuentes alimentarias de ácido fólico, filoquinona, luteína, nitrato, α-tocoferol y kaempferol se relacionaron individualmente de manera positiva y significativa con tasas más lentas de deterioro cognitivo. Se observó una relación más débil con la ingesta alimentaria de β-caroteno.

Otro análisis demostró que el efecto protector de las verduras verdes frondosas sobre el deterioro cognitivo se reducía y ya no era estadísticamente significativo después del ajuste con respecto a la ingesta de filoquinona, luteína, o ácido fólico, lo que sugiere que estos nutrientes fueron el origen del efecto sobre el deterioro cognitivo.

Para investigar la posibilidad de que los resultados se debiesen al reporte inexacto de la ingesta alimentaria por quienes tenían una alteración cognitiva al inicio, los investigadores excluyeron a 220 individuos que tenían trastorno cognitivo leve al inicio. Sin embargo, las estimaciones del efecto se modificaron en grado mínimo y se mantuvieron estadísticamente significativas.

Los resultados también persistieron igual después de excluir a 144 participantes cuyo consumo de verduras verdes frondosas aumentó o disminuyó durante el estudio.

Los autores señalan que sus hallazgos son respaldados por dos extensos estudios prospectivos a gran escala que analizaron las relaciones de diferentes tipos de verduras sobre el deterioro cognitivo. En ambos estudios, el consumo de verduras  verdes frondosas, como espinaca, col rizada, berza y lechuga, tuvieron la máxima relación con la lentificación del deterioro cognitivo.

Dicen que los nutrientes que se sugieren como protectores en este estudio pueden tener mecanismos de acción independientes que protegen de manera sinérgica al cerebro. Puntualizan que los niveles séricos de carotenoides se han relacionado con lesiones menos graves en la sustancia blanca periventricular, sobre todo en fumadores de edad avanzada. Se ha demostrado que la luteína disminuye la peroxidación de fosfolípidos en los eritrocitos humanos y atenúa el estrés oxidativa y la disfunción mitocondrial, así como la neuroinflamación. Además, el ácido fólico inhibe la fosforilación de tau y otras alteraciones patológicas que ocurren en la enfermedad de Alzheimer.

El estudio fue respaldado por las becas R01 AG031553 y R01 AG17917 y el acuerdo cooperativo 58-1950-7-707 con el US Department of Agriculture Agricultural Research Service. Los investigadores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

FUENTE: Medscape

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